domingo, agosto 20, 2017

He visto a Federer

Salgo de clase de francés (ahora estudio francés) y llamo por teléfono a Bandiera:

Bandiera - ¡¡KEEEEEEEEEEEYYYYYY!!

Bandiera siempre hace eso. Grita eufórico el nombre de su interlocutor, alargando mucho las vocales, como quien se encuentra aleatoriamente con un compañero del trabajo en Roma o con un vecino en Malta. Lo hace cada vez que nos vemos, así que estoy acostumbrada y le respondo igual.

Yo - ¡BANDIEEEERAAAAA! -eso- ¿Seguís por ahí? Ya estoy fuera de clase.
Bandiera - ¡Sí! ¡Vente a Hyde Park, te mando la ubicación!

Me manda su localización por whatsapp y camino veinte minutos hasta Hyde Park, donde me encuentro el escenario habitual cuando quedo con Bandiera: él, su novia Salma, otras tres personas familiares que hoy incluyen a Musker y a Bruco y unos ocho desconocidos. No sabéis la de gente que he conocido a través de estos encuentros.

Hablo un rato con un camarero francés sobre sus peripecias en Londres y después de pasar por otras dos conversaciones diferentes se me acercan Bandiera y Salma.

Bandiera - ¡Key! ¿Sabes qué? ¡Vamos a acampar en Wimbledon! ¡Tienes que venir!

??

Yo - ¿Acampar? ¿Eso no es lo del tenis? No entiendo.
Bandiera - Sí, acampas en la puerta la noche anterior para que te den entradas.



¡¡En este nuevo episodio de "Cosas que se a Key se le escapan por completo", hoy nos introducimos en el desconocido mundo de las personas que hacen noche para ver partidos de tenis!!



Yo - ¿La gente acampa para entrar en Wimbledon? ¿Pero eso es de toda la vida o cómo? ¿Por qué no se saben estas cosas? -en serio, acampar para entrar a ver una competición, qué me estáis contando- En cualquier caso, a mí el tenis tampoco me va mucho, no tendría mucho sentido.

Veo a Bruco y a Musker, que se han incorporado a la conversación y que por lo visto también son parte del plan, encogerse de hombros.

Bruco - ¡Si a nosotros el tenis nos da igual! Pero acampar todos juntos mola, seguro que nos lo pasamos bien.

Mmmm dicho así no suena mal.

Salma - Que sí, si el plan es lo de menos, es por hacer algo en grupo.
Bandiera - ¡Y dormimos todos juntos bajo las estrellas! -levanta los brazos melodramáticamente y separa las manos despacio, enmarcando el cielo-.
Yo - Eso lo dudo porque en este pueblo está siempre nublado, pero la verdad es que suena bien. Sólo que no tengo saco de dormir ni tienda -ni habilidades campestres. La última vez que acampé creo que fue en 2005-.
Musker - ¿Sabes que en estas cosas no hay que llevar una tienda para cada uno, verdad?
Yo - Me voy a tomar eso como una invitación a dormir en la tuya y ahorrarme comprar un cacharro que no voy a volver a usar jamás.
Musker - Claro mujer. Si la tengo que llevar igual, qué más me da.
Salma - Y el saco lo compras en Argos mañana mismo.

Salma dice esto porque el plan no puede ser más express; es martes y la noche la hacemos el viernes. Y así de repente a lo que no le veo sentido es a no ir. Los otros cuatro miembros del equipo no sólo son gente de fiar sino que son una juerga.

Yo - Va. Me apunto.

Vítores varios, especialmente de Salma, que por lo visto está planeando echar a patadas a Bandiera de su tienda y mandarlo a ocupar mi lugar en la de Musker para que así nosotras podamos dormir libres de ronquidos.

Así que me compro un saco baratísimo y horrendo que tres días después comprobaré cumple con su misión a las mil maravillas, hago un par de horas extra en el trabajo el miércoles y el jueves para poder salir pronto el viernes y, una vez mi cerebro ha procesado que esa competición que veo por la tele todos los años sucede en un barrio que está al lado de mi casa (!), cojo el metro en dirección a Wimbledon Park dispuesta a colonizar una parcelita de hierba a la puerta del polideportivo ése tan famoso.

Y esto no me lo imaginaba yo, pero resulta que conseguir entrar a ver un partido de tenis en el campeonato de marras es uno de los procesos más largos, arduos y confusos en los que he participado en toda mi vida. Por si os interesa, sabed que hay tres maneras de comprar entradas:


1. El sorteo

Como la lotería. Mandas tu petición, ojo, con más de medio año de antelación porque las urnas cierran en diciembre y el evento es en julio, y básicamente te conviertes a una religión cuyos dioses sean populares por conceder deseos a sus seguidores. He leído el funcionamiento en la web y eso tiene lagunas por todos lados; no sólo por la antelación con la que hay que tomar la decisión de ir, sino porque los tickets se piden por domicilio, con lo que, si lo he entendido bien, dos compañeros de piso no podrían pedir entradas -se puede pedir un grupo de entradas, pero sólo si todos los del grupo pertenecen a la misma familia-; y por otra parte, no tienes forma de organizar el plan con amigos, ya que te puede tocar entrada a ti y no a ellos. Y si suena la flauta y os toca a todos,  probablemente estéis sentados cada uno a una punta del campo. De locos todo.


2. La venta online

De esto no sé nada, pero me imagino que entras en la web y haces clic en botones como un maníaco para ver si consigues tickets en los tres milisegundos que supongo tardarán en agotarse.


3. La cola

La cola. A ver como os explico esto, porque es lo que hemos hecho nosotros y el proceso es totalmente surrealista. Ha sido hace semanas y todavía estoy confusa.

La idea es que tú, fanático del tenis, te presentes con tus amigos en el recinto de Wimbledon llevando una tienda de campaña para cada dos personas -mentiras todo. A la de nuestro vecino sólo le faltaba venir con patio interior y plaza de garaje-. Cuando hayas usurpado tu cachito de terreno sólo tienes que esperar a que aparezca uno de los trabajadores del torneo con un ticket que parece súper oficial y definitivo pero no lo es en absoluto, que marcará tu lugar en la cola. O sea que te dan un ticket que no te concede la entrada a ninguna parte. Lo que establece es tu posición en la cola. Este papelito te lo dan siempre, pero no significa para nada que vayas a entrar al campeonato.

Una vez tienes ese papelito y los empleados te han dicho que ya puedes clavar tu tienda y que ésa va a ser tu posición definitiva, puedes irte a cenar o lo que te parezca, pero tienes que estar de vuelta en el complejo antes de las diez. No hemos hecho el experimento, pero me imagino que si no vuelves a tiempo (aunque algo de margen darán) pierdes tu posición.

Una vez estás de vuelta tienes hasta las once para hacer lo que quieras -en nuestro caso cenar pizza felizmente mientras jugamos al juego ése de los gatitos que explotan-, momento en el cual el personal irá a avisarte de que hay que irse a dormir.


Dato sobre Wimbledon #1: Si acampas, llévate un abrebotellas y un sacacorchos y te convertirás en el habitante con más amigos del reino.


Después de las once aún puedes quedarte por ahí haciendo el ganso si quieres, pero tienes que alejarte del campamento para que los demás puedan dormir. Entre unas cosas y otras nosotros nos fuimos a dormir a las dos o por ahí.

Y ahora lo chungo. Que yo cuando me apunté al plan de esto no estaba totalmente al tanto.

Los trabajadores van a despertarte a las seis de la mañana.


A LAS SEIS. DE LA MAÑANA.


¿Cómo acabo en situaciones de este tipo siempre? En serio.

Y claro, aquello está lleno de frikis del tenis, así que a las cinco y cuarto de la mañana ya hay suficiente gente correteando y guardando sus tiendas de campaña como para que sea imposible dormir. Así que si pones por un lado el que te has ido a dormir a las mil y por otro que a las cinco y poco ahí no hay quien pare, llegas al...


Dato sobre Wibledon #2: La mitad de esos espectadores que veis de fondo en los partidos por la tele han dormido como tres horas.


Yo sólo me enteré de todo en el primer partido que vi, que resultó ser de está chica tan competente que luego ganó, pero en todos los demás estaba luchando por no quedarme frita. A Bruco le vi echarse siestas de juegos enteros.

Total, que a las seis nos despiertan, nos adecentamos en unos baños que me provocan flashbacks del festival de música aquél al que fui en su día, metemos las tiendas de campaña en las taquillas, y empezamos a hacer la cola como tal.

Aquí vienen horas de caminar despacito hacia el recinto, oyendo a unas señoras gritando precios de sombreros y viendo pasar a unos galgos súper majos con chalecos animando a los tenistas, que resultan ser la propaganda de esta ONG.

En algún momento de la espera más trabajadores aparecen para ponernos una pulserita de un color u otro en función de lo que queremos ver y sobre todo de lo que queda disponible. En general, lo que todo el mundo quiere es, si se puede, pista central (ahí van los famosos, aunque no sé qué ha pasado este año, que han mandado a gente como Nadal y Djokovik a la pista 1 y la gente está cabreada todavía), si no se puede, pista 1, si ésa esta llena también, pista 2 (ahí es donde conseguimos entrada nosotros), si eso está lleno, pues pista 3, y por último, si pista 3 está también vendida, las ground courts, que no sé cómo traducir al español pero significa algo así como "pistas en la planta baja". O igual significa algo totalmente distinto que yo desconozco porque no sé nada de tenis. A saber. La carísima lista de precios la podéis encontrar en la web. Seguimos caminando  (han pasado horas ya desde que salimos de la tienda de campaña por la mañana, recordemos) hasta llegar a las taquillas, en las que descubrimos el absurdísimo...


Dato sobre Wimbledon #3: Wimbledon no acepta tarjetas de crédito en sus taquillas.


Precios de hasta ciento noventa libras y tienes que pagar en efectivo. Muy bien.

Y ya está, una vez pasas por esa odisea, estás dentro del torneo y puedes vagar libremente por el recinto, entrando y saliendo de tu pista de tenis cuando te dé la gana -relativamente. Si están en medio de un partido tienes que esperar al descanso. ¿Se llama descanso en tenis? No sé. Tienes que esperar a cuando los tenistas dejan de jugar un rato y se cambian de lado de la pista-, teniendo siempre el mismo asiento, y cuando estás hasta el cogote de ver raquetas zarandeándose, puedes irte por ahí a ver el área, que la verdad, está guay. Y además puedes descubrir otro par de cosas que molan:

Dato sobre Wimbledon #4: Las fresas con nata son típicas y cuestan un riñón pero están muy ricas.


Dato sobre Wimbledon #5: Los jugadores, que por cierto son todos enormes y tienen una cara de cabreo espantosa, recorren el recinto por los mismos caminos que los espectadores, así que te cruzas por "la calle" con atletas súper famosos. Caminan detrás de empleados del torneo que van por ahí gritando a todo el mundo que abran paso, creando un pasillo para que así ellos puedan llegar a su destino sin pasarle por encima a nadie.


Y lo que a mí me ha resultado enormemente decepcionante:


Dato sobre Wimbledon #6: Si estás viendo un partido y una pelota de tenis llega por casualidad a tus manos, no te la puedes quedar.



Cuando te cae una pelota de ésas encima -justo antes de casi volarle la cabeza a quien tengas delante. Los tenistas éstos tienen mucha fuerza-, si crees que eso es como en los partidos de béisbol de la tele, en los que la gente se queda con la pelota y la guarda de recuerdo toda la vida, lamento comunicarte que en estas situaciones los recogepelotas -a.k.a. esos niños que corren como si les persiguiera el demonio- te observarán fijamente, con esa mirada que tienen que atraviesa las paredes, hasta que se la devuelvas.

Total, que vemos tropocientos partidos, incluído el que os digo de la chica que ganó y cuyo nombre pronuncio cada vez de una manera porque no me acuerdo nunca de la versión correcta, y nos vamos a "La colina" una montañita de hierba en la que te puedes sentar a ver el partido de la pista central (o el que quieran poner, supongo) en una pantalla gigante. En este caso, Federer contra un tío llamado Mischa Zverev. Muy interesante todo, pero cuando juega Federer ya te haces una idea de quién va a ganar, y estamos un poco hasta el moño de tenis ya, así que nos vamos antes de que se termine el partido.

De camino a recoger las tiendas de campaña, oímos a los espectadores que hemos dejado en la colina gritando súper emocionados. Federer ha ganado y está todo el mundo un poco histérico. Pasamos por uno de los edificios del complejo y nos paramos al ver que ahí cada vez se acumula más gente.

¡Oh!

¡Federer va a pasar por allí!

¡Qué guay!

A mí el tenis no me apasiona, pero yo qué sé, Federer lleva ganando partidos chopocientos años y tiene como su encanto verlo. Además ver a alguien famoso siempre mola y este tío es la razón de que la mitad de la multitud que he visto hoy haya elegido comerse catorce horas de cola para venir a Wimb...

Salma - ¡Aaaahh qué emoción! ¡No me puedo creer que hayamos visto a Federer!

¿Eh?

Miro a Musker, que me sonríe encantado de la vida.

Musker - Mira, vienes a Wimbledon y lo último que ves es a Federer pasando por delante de ti.

Um. Uuummmmmm.

Yo - Cuándo... um... eh... yo no...
Musker - ¡Key! ¡Pero si acaba de pasar por ahí! -señala a la puerta del edificio.

MALDITA SEA.

Yo - ¡No fastidies!
Salma - ¿¡No le has visto!?
Yo - ¡Hay mucha gente! ¡No le he visto!
Musker - CÓMO NO LE VAS A HABER VISTO, SI ESTABA AHÍ.
Yo - ¡Que no le he visto! -Musker me mira y toma una decisión-.
Musker - Bueno mira, eso no tiene por qué saberlo nadie.
Yo - Pero es que no le he visto. Ni un poco.
Musker - Que has visto a Federer.
Yo - Pero...
Musker - ¡Que has venido a Wimbledon y has visto a Federer!
Yo - ¡He visto a Federer!
Musker - ¿En serio? ¡Qué guay!

Pues eso. Lo que dice Musker. Que he visto a Federer.

Muy recomendable todo, eso sí. A mí el tenis ni fu ni fa, pero me lo he pasado muy bien; igual hasta vuelvo el año que viene. Si queréis venir, casi id mandando ya vuestra participación en el sorteo. Igual cuela.


p.d. No os fiéis ciegamente de toda la información que he escrito aquí sobre Wimbledon; ha sido una situación muy confusa y puede que haya entendido mal algunas cosas. Y me imagino que las normas cambiarán de un año para otro, así que ante la duda id a la web que anda por ahí arriba enlazada.

domingo, mayo 28, 2017

Los roedores también son criaturas del Señor

Mensaje de Markru:

"Para tu colección sobre 'Londres, the City of Dreams', mi jefe se acaba de encontrar un ratón muerto en su zapato".



Sí. Un ratón muerto. Dentro de un zapato. Que sé que a veces os olvidáis del glamour que inunda esta ciudad y eso no puede ser.

Por si tenéis preguntas acerca de cómo el jefe de Markru llegó a esta situación, os transcribo el resto de la conversación:


Markru: Para tu colección sobre 'Londres, the City of Dreams', mi jefe se acaba de encontrar un ratón muerto en su zapato.
Yo: [muñequito de Cyanide and Happiness con cara de trauma]
Markru: Juro que lo he visto XD
Yo: Pero
Yo: ???
Markru: Deja los zapatos en la oficina porque viene en bici
Yo: ¿Se lo ha puesto con el ratón dentro o cómo?
Yo: Aaaaahhh
Yo: Aaaaaaaaggggghhhhh
Markru: Ha ido a ponérselo y ha notado algo
Markru: Y al sacar el pie ha mirado a ver qué era
Yo: Jajajaja qué asco madre mía
Yo: Es gracioso y horrible a la vez


**** HORA Y CUARTO DESPUÉS ****


Yo: Ahora que estoy en el descanso puedo analizar esto más a fondo
Markru: Jajajaja
Yo: Y me estoy haciendo muchas preguntas
Yo: ¿El ratón vivía ahí y simplemente le tocaba morirse? ¿Lleva tu jefe habitualmente los mismos zapatos o llevaban ahí dos meses sin usar?
Yo: Son cosas importantes
Markru: Mi jefe viene en bici a trabajar
Markru: Llega, se ducha y se cambia
Markru: Y parece que los zapatos estaban aquí
Yo: ¿Pero se pone siempre los mismos?
Markru: Porque los dejaría ayer
Markru: Pues no lo sé
Yo: Quiero decir, igual tiene tres pares
Markru: Pues igual
Yo: Y llevaba sin usar ésos un mes
Markru: Mmmm no sé
Markru: A ese punto no he llegado
Yo: Tiempo de sobra para que el ratón tuviera ahí su casita
Markru: Sólo sé que los dejaría anoche ahí
Markru: No sé más
Yo: A LO MEJOR EL RATÓN ERA FELIZ Y TU JEFE LE HA MATADO
Yo: [Ardilla vestida de vampiro llorando desconsoladamente]
Markru: A lo mejor
Markru: Pero tiene pinta de que no
Markru: De que estaba ya pallá el pobre
Yo: Jajaja
Yo: Suena como cuando la gente tiene un gato y se encuentran regalos muertos en casa
Markru: Jajajaja
Markru: Pues no sé
Markru: Todo lo que sé es que teníamos ratones por la oficina
Yo: No sé pero si soy yo tu jefe ya no llevaría zapatos ever eguein
Markru: Bueno malo será
Yo: ¿Pero en plan, te los encontrabas? O los oías o cómo
Markru: Yo no vi ninguno, pero se había visto alguno
Yo: Qué bien
Markru: Y habían llamado a una empresa para mirarlo
Yo: Mirarlo, eso es lo que hacen. Porque lo que es acabar con el problema jamás
Markru: Jajajaja
Yo: Pero oye, mirarlo lo que quieras
Markru: Eso
Yo: La única vez que he visto eficacia en este aspecto fue cuando una amiga encontró una rata correteando en su piso en Ealing y le mandaron a un perro pequeñajo y súper cabreado que enganchó a la rata y se la cargó
Markru: Jajajaja ya no quedan de ésos XD
Yo: Imagínate. Tu oficina llena de perros corriendo para acabar con los ratones [confeti]
Markru: Las risas


Pensaría uno que a lo mejor el ayuntamiento podía plantearse que Londres tiene un problema con los ratones, pero parece que no. Parece que es gente que está a gusto con la vida y con tener sus casas llenas de roedores.

Por mi parte, últimamente hay una estación de metro en la que siempre me encuentro uno. Si le sigo viendo le llamaré Remy y nos haremos amigos, supongo. Los ratones no se van a ir de la ciudad, así que habrá que adaptarse.


p.d. Markru y Sledge han tenido la feliz idea de ponerse a hacer un podcast y resulta que está bien y todo. La temática tiene la homogeneidad de un bote de melocotón en almíbar, pero el caso es que los temas son entretenidos y hasta se aprenden cosas. Si os aburrís y le queréis echar un vistazo, podéis descargar los episodios haciendo clic aquí o buscando Deuvedé en la app que uséis habitualmente para escuchar podcasts.

domingo, abril 30, 2017

Colossal: superhéroes o algo así

Ahora que veo que ya hay fecha de estreno en España, vengo a contaros de qué va Colossal (ID, 2016, Nacho Vigalondo), que fue presentada fuera de concurso en la Sección Oficial del 64 Festival de cine de San Sebastián.

Colossal - Cartel

Esta cinta, que por cierto inicialmente iba a llamarse "Santander"* (!) cuenta cómo Gloria (Anne Hathaway) vuelve desde Nueva York a su ciudad natal para intentar reestructurar su desastrosa vida. Allí se reencuentra con su amigo de la infancia Oscar (Jason Sudeikis), que la acogerá en su grupo de amigos (Austin Stowel, Tim Blake Nelson) y la ayudará a encaminar su vida en una dirección que sería tranquila y saludable si no fuera porque Gloria parece tener algún tipo de conexión con un monstruo gigante que está destruyendo Seúl.

Ya, suena muy raro. Pero luego mola, de verdad.

Jason Sudeikis (Oscar) y Anne Hathaway (Gloria)

Puede que sea la evolución de los personajes lo que hace que esta película sea un entretenimiento de lo más elegante en lugar de una ridiculez surrealista, no lo tengo claro; el caso es que Gloria y sobre todo Oscar se presentan como simpáticos elementos de una comedia romántica y aquello progresa -o degenera, no sé- hasta niveles oscurísimos donde todo el mundo está un poco desequilibrado y todo da bastante miedo.

Anne Hathaway (Gloria)

En resumen, Colossal está bien presentada, mejor desarrollada y muy dignamente resuelta, y ofrece un popurrí de géneros cinematográficos que al final son sólo una buena excusa para hacer pensar al espectador acerca de hasta dónde pueden llegar ciertas características humanas como la maldad o el valor. Además es original y entretenida, con partes divertidas y otras muy emocionantes, y fue de lo mejor que vi en la pasada edición del SSIFF. Recomendada.

Nacho Vigalondo (Director) y Austin Stowell (Joel) - Rueda de prensa de Colossal

* La rueda de prensa a la que lleva el enlace es interesante, pero no le deis al play si aún no habéis visto la peli porque, como siempre, contiene spoilers a cascoporro (incluyendo uno en una de mis preguntas y todavía más en la respuesta de Austin Stowell. Perdón).

sábado, abril 22, 2017

La amistad está mal definida

Post basado en algo que publiqué en otro blog en diciembre de 2016. El original está en inglés pero dice esencialmente lo mismo.


Hace poco tuve una epifanía. Y sí, os la voy a contar. Qué cosas tenéis.

La idea principal es la siguiente:

La amistad es una construcción social, y además una que no funciona. A nivel teórico tiene sentido y es una idea muy cuca, pero en el mundo real su existencia es pura casualidad.

Sé que esto suena un poco deprimente, así que antes de nada, debéis saber que este post no soy yo llorando en un rincón mientras explico cómo pensaba que tenía amigos pero era todo mentira y el mundo es un lugar horrible y mi vida es una mierda. Tengo unos cuantos amigos -o lo que se entiende por amigos- estupendos y les quiero mucho a todos, gracias. Así que si eres un adolescente incomprendido con ganas de leer poesía existencialista mejor búscate alguna cosa en Tumblr.

Lo que vengo a contar es que estoy bastante convencida de que las relaciones de amistad no existen, o al menos no en esa versión transparente y luminosa que sale en las películas. Por supuesto que puedes tener una relación estrecha llena de afecto con una persona que esté a tu lado en épocas lamentables y con la que salgas de fiesta y te lo pases en grande y que te escuche y con la que puedas contar cuando tengas un problema, pero eso no dura para siempre -y si lo hace es por razones bastante anti-intuitivas. Luego especifico-. Y si no dura para siempre, desafortunadamente, eso no es amistad. Y ahora os cuento lo que a mí me ha resultado más difícil de procesar:

La inmensa mayoría de los actos impulsados por amistad que habéis visto en vuestra vida no eran tal. Lo que los impulsó no fue amistad sino benevolencia.

Me explico; ¿te acuerdas de cuando un camión atropelló a tu perro Toby y pensaste que te iba a dar algo del disgusto? ¿Te acuerdas de que llamaste a tu amiga Sandra, o Alberto, o quien puñetas sea tu mejor amigo, y estuvieron tres horas del tirón hablando de lo que había pasado a pesar de que tenían un examen dos días después, y cómo después te llamaron todos los días durante una semana para ver qué tal estabas, y te mantuvieron ocupado para que estuvieras distraído y no te deprimieras pensando en Toby?

Eso tenía que ser amistad, ¿no?

No sabes cuánto siento tener que decirte esto, pero eso no era amistad, era simplemente alguien siendo muy amable. Lo habrían hecho por cualquiera.

Crees que me lo estoy inventando, a que sí. A QUE SÍ. Venga, vamos a ponerlo de otra forma:

Imagínate que otra persona distinta tiene un perro que acaba de irse a criar malvas. Alguien que no eres tú tiene un vecino horrible con un todoterreno que va por ahí atropellando perros y ahora esa persona está súper deprimida. Imagínate que llaman a Sandra, o a Alberto. Y me refiero a la misma Sandra que mencionaba unas líneas atrás. A lo mejor no se conocen muy bien, pero tienen una buena relación. No saben a quién más llamar y deciden coger el teléfono y avisar. ¿Tú crees que tu amiga le va a colgar? ¿Tú crees que va a ignorar a una persona que les llama pidiendo ayuda? Qué va. Si Sandra o Alberto son esos amigos estupendos que te escucharon de corazón cuando tuviste un problema, te aseguro que con alguien no tan cercano también se van a pasar esas tres tediosísimas horas hablando de cómo nadie podrá nunca reemplazar a Toby pero cómo todo mejorará pronto. Está claro que no lo van a hacer con la misma alegría con la que corrieron a socorrerte a ti, porque tú eres amigo suyo -esto suena inconsistente con el tema del post, pero hablo de lo que se considera habitualmente como amigo. Nos entendemos- y esta persona de la que estamos hablando, no. Seguro que no le llamarán a diario, pero sí que le escribirán de vez en cuando para ver qué tal está. ¿Quieres saber por qué?

Porque son buena gente. Y eso hace que parezcan buenos amigos.

Lo que solemos detectar como amistad -la de verdad, no la que dura tres meses- no es más que gente muy muy maja que le tiene especial aprecio a alguien.

Por supuesto, alguna excepción hay, aunque suelen durar poco tiempo. A veces aparece un tío que es un cretino integral pero que hará cualquier cosa en el mundo por ti si eres su amigo. Eso pasa algunas veces, pero por lo general el día que algo va mal y el cretino en cuestión se enfada contigo por el motivo que sea, la has liado. Creo que me entendéis, pero por si no, dejadme que os explique esto con un ejemplo de mis primeros años de universidad:

Mi colega Sara era amiga del alma de una chica que era gentuza absoluta, llamémosla Rita. Rita era -y probablemente siga siendo- una persona horrenda, en serio. Se reía de todo el mundo, era manipuladora e intentaba aprovecharse de todo el que se le pusiera por delante. Se enteró de que el chico que le gustaba estaba interesado en mí, así que hizo todo lo posible por echarme a patadas del grupo de amigos al que pertenecíamos las dos. Ese tipo de persona. Pues bien, Sara y ella eran uña y carne y se contaban secretos y todas esas historias de las amistades adolescentes. Duró, como os estaréis imaginando, hasta que Rita le hizo alguna atrocidad a Sara. Ni recuerdo qué paso; me quiere sonar que le contó a todo el mundo alguno de sus intereses románticos, o alguna cosa súper personal del estilo, no me acuerdo; el caso es que se comportó una vez más como el zorrón que era y Sara empezó a ver la luz.

Pues bien, en cuanto se dio cuenta de que había estado perdiendo el tiempo miserablemente y de que su supuesta amiga era una arpía de mucho cuidado, Sara tardó como cinco minutos en empezar a contarle a todo cristo los trapos sucios de Rita.


INCISO

Ésta es la misma lógica que se aplica cuando le mandas fotos mega-sexys a tu novio porque le quieres mucho y confías plenamente en él, y al cabo de ocho meses está despechado porque le has dejado por otro y se las manda a todos sus contactos, a tus padres y a tu jefe. Hazme el favor de no mandar fotos en bolas a tu respectivo. Es una mala idea. No mala de llamar a tu exnovia a las dos de la mañana borracho llorando para que vuelva contigo. Ni siquiera mala de tatuarte en un antebrazo el nombre de la persona a la que le vas a mandar las fotos. Esto es otro nivel. No es literalmente la peor idea del mundo porque nada te impide fumarte seis porros y luego irte a conducir un autobús robado, pero está sin duda en el top 10 de las cosas más estúpidas que puedes hacer en tu vida. No envíes fotos que no te atreverías a colgar en internet. Luego no digas que no te lo advirtió nadie.

FIN DEL INCISO


Y yo os pregunto, ¿creéis que Sara fue en algún momento amiga de Rita?

Yo sé que no. Y supongo que vosotros lo sabéis también.

Si la calidad de una relación puede irse a pique el minuto en el que uno de los dos miembros se enfada, esa relación no vale para nada. Si todos tus secretos están a una bronca de distancia de ser gritados a los cuatro vientos, eso no es amistad.

Y estaréis pensando "¡pero si Rita era una petarda, lo has dicho tú! ¡Se merece cualquier cosa que le pase!"

Y a lo mejor tenéis razón, yo qué sé. El problema es, ¿quién decide si un comportamiento es suficientemente malo como para que una amistad deba terminar? Quiero decir, ¿qué pasa si te cuento mis miedos ocultos y somos los mejores amigos del planeta y entonces pasa algo horrible? Como, yo qué sé, que tu novia se enamore locamente de mí. Tienes una novia, eres súper feliz, y ella decide dejarte porque quiere estar conmigo. Incluso si le digo que no, tú te has quedado sin novia porque yo existo. Y eso suele ser suficiente para que a la mayor parte de la gente se le vaya la olla por completo. Un porcentaje muy alto de la población me detestaría con toda el alma, probablemente encontrando alguna excusa por la cual todo fuera culpa mía y por tanto tuvieran una razón legítima para odiarme y destruirme con toda la información que tienen sobre mí.

Eso no es amistad. Eso es un contrato de andar por casa para pasárselo bien una temporada y no estar solo.


"¡Pero Carmen y yo habíamos sido mejores amigas desde el jardín de infancia y cuando se enteró de que no había ido a su fiesta de cumpleaños porque estaba en mi casa acostándome con su novio dejó de ser mi amiga pero nunca usó nada de lo que sabía en mi contra! ¡Eso tenía que ser amistad! ¿No? ¿¿NO??"


Primero, deseo muy fuerte que todos tus novios te pongan los cuernos. Segundo, eso era amistad de verdad (de sentido único, eso sí), sólo porque Carmen es una buena persona. Fue capaz de terminar las cosas contigo y pasar página sin atacarte, y eso viene mucho más de ser un ser humano decente que de ser un buen amigo. Y, sólo para que conste, a lo mejor en este caso sí que te merecías que todo el mundo se enterara de los detalles turbios de tu vida por ser una amiga lamentable, no lo sé. Este tema tiene más lagunas que Canadá; yo a lo que voy es a que decidir qué es condenable y qué no es una decisión tan subjetiva que no puedes tener la supervivencia de tus relaciones dependiendo de ello. Incluso si una persona ha hecho algo terrible, no puedes saber si ha sido un malentendido, o si alguien se lo ha inventado, o si la persona estaba coartada o cualquier otra posibilidad similar. La confianza dada y recibida durante un periodo de tiempo no debería verse nunca comprometida porque en otro momento las cosas no estén yendo bien.

El problema de esto es que va radicalmente en contra de la naturaleza humana. Te han amargado la existencia, así que tú quieres hacer lo propio. Si eres capaz de mantener la compostura y no vengarte de alguien por el simple hecho de que una vez fuisteis amigos, entonces lo más probable es que seas una persona equilibrada y razonable, con empatía a patadas y una conciencia del tamaño de un campo de fútbol.

Así que básicamente lo que estoy diciendo es que buena persona sobreescribe a buen amigo. Todas las buenas personas son intrínsecamente buenas amigas, y para ser un buen amigo tienes necesariamente que ser una buena persona. Por tanto el término amistad es redundante, ya que puede ser definido con otros aspectos del comportamiento humano. Esas amistades que duran décadas son sólo gente muy muy buena que se tiene mucho mucho aprecio entre sí.

O, dicho de otra manera, lo que fundamenta lo que conocemos como amistad no es la relación entre dos personas, sino cómo son esas dos personas por separado. El afecto mutuo es poco más que un detalle, no la base. Dos bellas personas que se crucen terminarán fácilmente siendo amigas, porque ambas tienen todo lo necesario para serlo. Sólo tienen que caerse bien.

Y dije al principio del post que esto ha sido una epifanía porque considero que yo tengo amigos. De hecho  creo que tengo mucha suerte al respecto. Así que darme cuenta de todo esto que he explicado aquí me ha puesto algunos conceptos patas arriba.

¿Tengo amigos? ¿O todo lo que mis amigos harían por mí lo harían por cualquier otra persona? Y si hay que elegir, ¿qué opción es mejor? ¿Quieres a tus amigos porque te sacarían de un edificio en llamas, o les quieres precisamente porque sacarían a cualquiera de un edificio en llamas?

Me lo he planteado en serio, y si tengo que elegir, creo que elijo a los amigos que salvarían a cualquiera. Simplemente espero que el día que pase algo, la amistad ésa de la que habla la gente haga que elijan salvarme primero a mí.


p.d. Todo esto me lo planteé cuando un accidente en el que me arrearon con un bate de béisbol en el tobillo me mandó al hospital. Personas con las que tenía una muy buena relación no me hicieron ni caso, mientras que un par de chicas a las que por aquel entonces apenas conocía me llevaron a urgencias, y una de ellas se estuvo allí cuatro horas, ignorándome cada vez que le decía que se fuera a casa. Por si os preguntáis qué me lleva a pensar en estas cosas.

sábado, febrero 25, 2017

Cómo descongelar tu congelador en setecientos cuarenta sencillos pasos

Vengo con noticias tediosas, de las que conoces, en contra de tu voluntad, cuando te independizas.

Parece ser que las casas no se mantienen solas.

¿Os lo podéis creer? No vale con fregar los platos, cocinar y sacar la basura, también hay que limpiar el horno, aclarar los filtros de la aspiradora y otras cincuenta cosas que cuando vivías con tus padres parecían resolverse por su cuenta.

En algún momento de hace un par de meses, tras encontrar mi comida a medio descongelar varias veces, decidí que era hora de desenchufar mi congelador y dejar que la temperatura ambiente hiciera su trabajo.

Así, tras perseguir a las habitantes de mi piso durante semanas para que despejen su parte del congelador, llegamos a las doce y media de esta mañana.

Venga. Voy a hacerlo. Es desenchufar y fregar de vez en cuando para que no se inunde la casa, tampoco puede ser muy complicado.

Me vienen flashes de cuando los duendes de mantenimiento -mi madre- llevaban a cabo esta misma tarea en la casa de mis padres. Recuerdo periódicos en el suelo. Uhmmmm voy a buscar esto en google, no me esté dejando algún detalle importante y la líe. Así llego a esta página tan eficaz, que me ofrece unas cuantas sugerencias -incluyendo lo del papel de periódico- acerca de cómo conseguir llevar a cabo este proceso sin morir en el intento.

Apago la nevera, y con ella el congelador, y encasqueto papel de periódico en el suelo, donde preveo se va a formar un charco de un momento a otro.

La página dice que saque los cajones, así que yo saco los cajones. Excepto el de arriba del todo, que tiene tal capa de hielo a su alrededor que no hay quien lo mueva.  Saco el cajón del medio y el de abajo, disponiéndome a deshacerme de la comida que, a pesar de llevar advirtiendo un mes de que voy a descongelar hoy, mis compañeras de piso se han olvidado de tirar a la basura.

Pongo uno de los cajones en la mesa y observo su contenido.

Hay cosas que no se pueden describir. Tienes que verlas con tus ojos para hacerte una idea de lo terribles que son. Y efectivamente, ésta es una de ellas. Si habéis cometido el error de seguirme en facebook, os habréis encontrado una imagen de esta repugnancia en vuestro muro. Me disculparía, pero si me seguís sabéis a lo que os exponéis.

Para los demás, os vuelvo a poner aquí la foto.

El repugnante contenido de mi congelador

¿Es eso sangre? Debe de venir de esa hamburguesa que está ahí envuelta en plástico, o más probablemente de meses de carne metida a lo loco entre bolsas de verdura que, obviamente, no se han cerrado nunca, permitiendo así a los guisantes y las zanahorias vagar libremente por nuestro estimado electrodoméstico. El mejunje verde que se ve en los rincones creo que es parte de los batidos hechos con verduras que toma una de mis compañeras.

Sé que esto es  horrible y que probablemente vais a tener pesadillas, así que rápido, mirad esta foto de un bebé burro oliendo flores en un prado:

Un burrito oliendo flores

¿Mejor?

Por supuesto, le mando la foto a Fog, a Albert, a Manzo y a mis padres, incluyendo un montón de referencias a lo cerdas que son mis compañeras. Si yo tengo que sufrir esto, va a sufrir todo el mundo conmigo.

En cualquier caso, me armo de valor y vacío esa atrocidad en el cubo de la basura. Hago lo mismo con el otro cajón, que no tiene mucha mejor pinta, y me llevo ambos cajones al cuarto de baño para ponerlos en remojo.

De vuelta en la cocina me planteo las opciones que he leído en la web de la que he hablado unos párrafos atrás. La más sencilla es dejar que la naturaleza siga su curso y el hielo se derrita solo, pero sabemos todos que no soy popular por mi paciencia, así que decido que lo mejor será utilizar un secador de pelo para acelerar el proceso.

Me voy a mi habitación.

Cojo un secador de pelo que utilizo aproximádamente una vez cada dos meses.

Vuelvo a la cocina.

Conecto el secador en un enchufe que hay al lado de la nevera.

No funciona.

Um.

Activo el interruptor del enchufe -en Inglaterra, todos los enchufes vienen con interruptor-.

No funciona.

Me planteo ir a buscar un alargador y utilizar otro enchufe, pero decido que no merece a pena porque tendría que desenchufar mil cosas y me da pereza. Cambio de planes. Qué más opciones había.

Contenedores con agua caliente. El vapor ayudará a calentar el contenido del congelador y así acabaré con este asunto mucho más deprisa. Y también hay algo sobre espátulas calientes. Enciendo la vitrocerámica, localizo las dos espátulas de metal que hay en mi casa y las pongo cerca del fuego para que se calienten.

Tras posicionar estratégicamente una jarra llena de agua caliente, esgrimo con optimismo una espátula caliente y me pongo a rascar hielo. Debería librarme de esta capa gigante de escarcha en nada de tiempo; tengo metal ardiendo en mi poder, es imposible que esto lleve más de un ratito.

Oye. Que resulta que no.

Que al principio el mencionado metal funciona a las mil maravillas, pero, por incomprensible que parezca, al entrar en contacto con una superficie que está a varios grados bajo cero, pierde su eficacia destructora en menos de diez segundos.

Me viene a la mente, de manera completamente inconexa, que aprobé mi examen de física de selectividad con un cinco raspado.

Utilizo el breve poder del metal caliente alternando espátulas durante un rato. Aún está todo bastante tieso, pero yo creo que no va a haber tanto hielo que quitar. En cuanto se derrita un poco, esto está hecho.



*** DOS HORAS Y MEDIA DESPUÉS ***



Los periódicos ya no absorben más agua y hay un charco en el centro de la cocina, que reduzco como puedo con una mugrienta fregona, saltando con mis botas de lluvia amarillas entre los distintos regueros de agua que se han formado sobre las baldosas. Empecé este asunto en pijama, pero al cabo de un rato me rendí ante la evidencia y fui a ponerme unos vaqueros y calzado impermeable. Tras ver el tamaño de los trozos de hielo que se están desprendiendo de las baldas del congelador me planteo si debería contactar al gobierno de Etiopía para decirles que tengo la solución a sus problemas de sequía o si llamar a James Cameron para recordarle el dineral que ganó con Titanic y que secuelas más absurdas se han visto.

¿Por qué, oh, por qué soy yo la única persona en esta casa que quiere que los electrodomésticos hagan su trabajo? ¿Por qué tengo que ser yo la que se encargue de esta infame tarea? ¿Por qué tienen que ser mis compañeras unas cerdas? Si yo soy buena gente, de verdad. Me merezco una casa decente.

Hace rato que cambié la jarra de agua caliente por platos vacíos en el suelo del congelador, que ahora recogen el agua que gotea como pueden. Es mejor que no poner nada, porque así al menos recojo parte del líquido en lugar de dejar que vaya todo al suelo, pero gran parte se cuela entre los dos platos o entre los platos y las paredes, con lo que acaba escapando más allá incluso de las hojas de periódico, haciendo la mini inundación que se está apoderando de la cocina cada vez más pronunciada.

¡Ojalá tuviera un recipiente que encajara con las medidas exactas del congelador en el que poder recoger el agua!

...

...

...


Ya. No digáis nada.

Me voy al cuarto de baño y recupero el tercer cajón, que devuelvo a su lugar original en el suelo del congelador, y observo felizmente como el agua y los trozos de hielo lo van llenando.

Y poco más. Una vez totalmente descongelado, he limpiado las paredes y las baldas con una esponja, me he deshecho de los periódicos, lo he secado todo y he escrito a mis compañeras para decirles que me he tirado cuatro horas limpiando el congelador y que si lo llenan de mierda las mato.

No ser un completo cerdo es muy duro. Voy a empezar a plantearme vivir en la inmundicia.

sábado, enero 14, 2017

Pasajeros: Pastel espacial

¡Chris Pratt!

Mejor, ¡Chris Pratt en la ducha!

¡Y Jennifer Lawrence!

Mejor, ¡Jennifer Lawrence en bañador!

Sé que estas razones son más que suficientes para ver Pasajeros (Passengers, Morten Tyldum, 2016), pero por si no,

¡¡También hay naves espaciales!!

Pasajeros - Cartel

Entiendo que tras daros tan sólidos argumentos os pueda sorprender mi opinión, pero ahí va:

Pasajeros es mala. Maaaalaaaaa. Mala mala mala.

Os cuento de qué va:

Jim Preston (Chris Pratt) es uno de los pasajeros de la nave Avalon, que transporta a sus afortunados ocupantes a un planeta llamado Colonia Homestead. El viaje dura 120 años, por lo que las más de cinco mil personas que van a bordo de la nave van metidas en cápsulas en la que irán roques hasta que falten cuatro meses para llegar a su destino, momento en el que despertarán para disfrutar del resto del viaje en lo que viene siendo este crucero espacial. Pues bien, en lo que parece ser algún tipo de problema relacionado con el suministro eléctrico de la nave, Jim tiene la malísima suerte de despertarse por error, encontrándose con que es la única persona consciente en una nave a la que le faltan casi noventa años para llegar a su destino, y lo que es peor, para que el resto de humanos a bordo se despierten.

Jennifer Lawrence (Aurora Lane) y Chris Pratt (Jim Preston)

Con esta interesante premisa y el eslogan de los carteles ("Hay una razón por la cual despertaron"), tenía esperanzas de encontrarme un drama futurista con conspiraciones, acción y romance. Lo que me he encontrado es un drama futurista con romance, romance y más romance. Hay un pelín de acción, pero poca cosa. Y el eslogan ése no es más que una trampa, os lo advierto. Me siento estafada.

Chris Pratt (Jim Preston) y Jennifer Lawrence (Aurora Lane)

Que conste que es entretenida, ¿vale? Jennifer Laurence y Chris Pratt no aburren ni aunque se queden ahí parados mirando al infinito, así que si queréis pasar el rato, pues cumple. Al menos yo no me aburrí, y mis acompañantes también se lo pasaron relativamente bien. Pero es un empalague, en serio.

Jennifer Lawrence (Aurora Lane)

Por otra parte, más vale que vayáis con las neuronas científicas apagadas, porque en Pasajeros no se cumplen las leyes de la física (¿explosiones que hacen ruido en el espacio? ¿a estas alturas?), ni las de la robótica, ni las del sentido común en general. Concretamente las lagunas en la lógica del personaje de Chris Pratt se hacen bastante molestas


SPOILER SPOILER SPOILER (selecciona el texto para verlo mejor)

                               Si estás atrapado solo en una nave espacial y sabes despertar a la gente que va                                      frita a bordo, despierta a todos los ingenieros, médicos y cualquiera que te pueda                                  ayudar a volver a la hibernación, y más cuando ves que el sistema energético del                                  cacharro en el que vas está fallando estrepitosamente y ahí va a palmar todo el                                      mundo. Colega.

FIN DEL SPOILER


y llega un punto en el que las fantasmadas son imposibles de ignorar.

Chris Pratt (Jim Preston) y Jennifer Lawrence (Aurora Lane)

En general Pasajeros es un entretenido y edulcorado producto comercial cuyo único reclamo son sus actores protagonistas y lo chulo de la ambientación, donde el escenario, la acción, y hasta los -muy interesantes, he de decir- dilemas morales que plantea son simplemente una excusa para ensalzar la historia de amor entre Jim y Aurora (Lawrence).

La recomiendo si te apetece ver algo blandito y quieres pasar un rato entretenido, pero Pasajeros es sencillamente mala.

Eso sí, vaya piscina tiene la nave ésa. Quién pudiera.